Logo Lointek

"Muchas veces me han preguntado si no soy un poco masoquista después de romperme un montón de huesos, tendones y músculos, una y otra vez, para acabar de nuevo encima de la bicicleta. Yo les respondo que "la sarna, con gusto, no pica". La vida también está llena de baches, y hay que ir superándolos si quieres vivir y disfrutar de ella. Soy Eneritz Iturriaga, una "caserita abadiñarra" a la que le encanta y le apasiona la bicicleta, y que ha tenido la suerte -aunque me lo he trabajado y buscado- de poder vivir de este deporte tan intenso, agónico, sacrificado, poco valorado... pero a la vez, apasionado, satisfactorio y lleno de adrenalina.

 

LOS INICIOS
Con la familia que tenía, era difícil que mi vida no acabara relacionada con el ciclismo Mis padres, Alberto y María Luisa, tenían una tienda que todavía hoy  mantenemos -Ciclos Iturriaga- y que, además patrocinaba equipos de categorías inferiores. Y mis hermanos, Eneko y Asier años más tarde, mecánicos profesionales en equipos como Euskaltel-Euskadi, Saunier Duval o Nicolás Mateos- competían en las carreras de chavales, por lo que llevo toda mi vida rodeada de dos ruedas, aunque a mí nunca me había dado por subirme a la bici.


Pero con diez años, era una niña bastante gordita y los médicos me recomendaron seguir dieta y hacer algún deporte. Hacía fútbol, pero jugando de portera no era la mejor disciplina para rebajar esos kilos de más, por lo que el camino hacia el ciclismo parecía claro. Me apunté a las escuelas de la Sociedad Ciclista Duranguesa  y allí comencé a saber lo que era el sufrimiento, sobre todo en el inicio, cuando era la única chica entre cien chicos y no podía ni seguirles a distancia. Entrenábamos los martes y los jueves y los sábados hacíamos una ruta que incluía un duro repecho. La de veces que esperé a mis compañeras escondida al inicio de la subida para reincorporarme en la última vuelta y así no tener que  subir aquel coloso…... Solía quedar siempre de las últimas y hasta los 14 años, cuando pasé al Café Baqué de categoría cadete, no empecé a destacar.

 

Con 16 gané mi primera carrera en Berriatua (Vizcaya) y en ese verano, ya con bastantes kilos menos, vi que podía llegar a disputar las carreras. Cuidé cada vez más mi alimentación y en júniors ya estaba al máximo nivel en España. Pese a que había una generación bastante buena Merche Cagigas, Maribel Moreno, Patricia Roel- lo gané prácticamente todo a nivel nacional y disfruté mucho en una época en la que viajábamos casi todos los fines de semana fuera de Euskadi a disputar pruebas de la Copa España.


EL SALTO AL EXTRANJERO
El paso a la categoría sub-23 lo hice en el equipo de casa, el Ciclos Iturriaga. Dónde iba a estar mejor que allí. Seguía compaginando bici y estudios acabé un módulo de grado superior en Administración y Finanzas y me quedan unas asignaturas para acabar la carrera de Magisterio- y anduve bastante bien. En mi segundo año (2000) una chica holandesa, Lenny Dixtra, corrió cedida con nuestro equipo en la Bira, hicimos amistad, y me invitó a competir en Holanda ese final de temporada. Ahí me di cuenta de que estábamos a años luz en todos los sentidos de lo que había en el extranjero y la temporada siguiente creamos un equipo mixto vasco-holandés, el Bik Sport Toscany-Ciclos Iturriaga, con el que comenzamos a competir fuera de España. Afortunadamente, en 2002, y aprovechando el boom de Joane Somarriba se creó el Deia-Pragma.-Colnago, con el que íbamos a correr las mejores carreras del calendario y que fue la excusa perfecta para que tomara la decisión de dedicarme una temporada en serio al ciclismo. Hasta entonces, no había tenido ni un preparador. Salía a entrenar con los chicos y hasta que reventaba.


Esa temporada empecé a lograr resultados importantes -2ª en la Bira, campeona de España contrarreloj, 5ª en el Europeo- y, sobre todo, trabajé mucho para que Joane ganara el Tour de Francia. Una de las grandes, Fabiana Luperini desde entonces, gran amiga-, vio esa labor de gregaria y me fichó para estar a su lado en el Team Aurora. Aquello significaba un cambio grande, que era el trasladarme a Italia, pero sabía que era el camino para progresar. Aunque lo pasé mal, sobre todo en la convivencia con algunas compañeras, deportivamente fue mi mejor temporada. Gané una etapa de la Bira, fui campeona de España, 9ª en el Tour y en la Bira, 12ª en el Giro y me hice un nombre a nivel internacional. También fue el año que más competí, casi 140 días aunque yo soy de las que necesitan mucha competición para coger un buen nivel. Al año siguiente (2004), Fabiana se marchaba al Lets Go Finland y yo me fui con ella. Aquella temporada empezaron las desgracias en forma de caídas y problemas físicos. En la última etapa de la Vuelta a Castilla y León, creo que me desmayé todavía hoy no me lo explico- y me di con la cara en el asfalto mientras subíamos un repecho Me destrocé la cara y me tuvieron que dar 50 puntos de sutura. Quedaban tres meses para los Juegos Olímpicos Pese a que tardé casi dos meses en volver a competir, todavía me dio tiempo a estar en Atenas y poder vivir la mejor experiencia que he tenido como deportista.


COMIENZAN LOS PROBLEMAS
Al acabar ese año, me di cuenta de que psicológicamente estaba saturada. Llevaba tres temporadas a piñón fijo, sin parar de correr y correr y necesitaba un descanso. Surgió la posibilidad de contar con patrocinadores privados y regresar a España y lo hice. Significó correr mucho menos, lo justo, entre pruebas con mi equipo y con la Selección Española. A final de ese año sabía que tenía que regresar al extranjero. Había tomado aire y 2006 tenía que ser mi regreso al primer plano internacional. Pero no sabía lo que me esperaba desde entonces...


Me marché, como siempre con Luperini, al Fassa Bortolo italiano y ya desde el mes de marzo empecé a tener constantes problemas de estómago. Me detectaron un parásito y tuve que estar casi dos meses en el dique seco. Aunque me recuperé bien campeona de España contrarreloj, 10ª en el Giro...- en la parte final de la temporada volvieron los problemas y tras muchos estudios y análisis me detectaron una intolerancia al trigo y a la lactosa. ¿Qué significaba eso? Pues que a partir de entonces debía cambiar toda mi alimentación, tomar únicamente productos especiales para celiacos, incluida la habitual pasta.

 

Comencé 2007 compaginando la ruta con el equipo Nobili Rubinetterie y la pista con el Cespa-Euskadi. La experiencia en los velódromos resultó positiva y me proclamé campeona de España de puntuación. Pero la mala suerte regresó pronto y el 5 de mayo, en la contrarreloj de Magali Pache, en Francia, un gato se me cruzó y se golpeó con la rueda delantera de mi bicicleta haciéndome saltar por los aires y rompiendo en cuatro trozos mi clavícula. Tardé dos meses en regresar y al volver se me movieron las placas y en invierno, después del Mundial, tuve que volver a operarme dos veces más

En 2008 decidí seguir mi camino separada de Fabiana Luperini y fiché por el Safi-Pasta Zara con la intención de romper el mal fario. Pero los problemas continuaron, primero con asuntos burocráticos que retrasaron bastante nuestro debut la UCI había permitido que creáramos dos equipos y después lo prohibió, lo que provocó que nuestro director se negara a correr con ninguno de los dos hasta que no el affaire se solucionara-  y después, con otra importante caída en Italia en el mes de mayo, en la que me rompí los ligamentos sacroilíacos y que me mantuvo un mes postrada en la cama. Pese a que lo intenté, los dos meses de parón fueron demasiados y no pude llegar a tiempo para ganarme el puesto para la cita olímpica de Pekín. Luego gané una etapa en el Trofeo de Oro en Francia y corrí el Mundial pero ya no era lo mismo. Cuando te caes tantas veces, te levantas y vuelves a levantarte, llega un momento en el qué te preguntas: ¿Merece la pena todo esto?. 


NUEVAS ILUSIONES
La verdad es que pensé en dejarlo todo, pero por una lado el apoyo de los míos y por otro, el saber que puedo regresar a mi mejor nivel si la suerte me acompaña, me animaron a seguir. La experiencia del programa de televisión de supervivencia El conquistador del Fin del Mundo también me sirvió de mucho. Estuvimos un mes en la Patagonia argentina, pasando miserias de todo tipo y ahí te das cuenta de lo que tienes y empiezas a valorar más las cosas. Me ayudó para aumentar mi autoestima y ver que puedo hacer más cosas al margen del ciclismo.


Y en la temporada 2009, a pesar de que el nivel del ciclismo femenino ha aumentado muchísimo en los últimos años, con la nueva generación que ha entrado de jóvenes rompedoras, he demostrado que hay Eneritz para rato. Ese año me asenté en el Safi-Pasta Zara, con momentos para brillar en solitario y con muchos días de trabajo para mi otra gran amiga, la veterana Diana Ziliute, con la que he compartido muchos buenos momentos en la pasada temporada.


Por fin pude disfrutar de un año sin lesiones, y a pesar de que no todo fue como yo deseaba -la mala suerte me persiguió en los Campeonatos de España de contrarreloj, con dos pinchazos y una avería cuando iba en tiempos de medalla de oro-, supe sobreponerme y conseguir el podio final en la Route de France, la sucesora del Tour de Francia. La sensación de tener a todo el equipo apoyándome en la última etapa es una de esas cosas por las que una vive para ser profesional. El propio Mundial fue el reflejo del año: mucho rato en el podio provisional de la contrarreloj, pero sin suerte en determinados momentos.

Sin embargo, en la temporada 2010 todo me fue mal. Cuando estaba encontrando la mejor forma de vida, apoyando a mis compañeras con muy buenos resultados, pasando las cotas con las mejores y realizando muy buen inicio de la Copa del Mundo en Cittiglio y Flandes, me rompí en tres partes la clavícula derecha al caer en la tercera etapa del Tour de l'Aude, mi primera vuelta por etapas del año. La lesión, que me iba a mantener sólo un mes fuera de las carreteras, empeoró por una recaída y me encontré ante la perspectiva de pasar la temporada sin hacer nada.

 

SIEMPRE MIRANDO HACIA ADELANTE

Pero todas las cosas negativas que he tenido, con una buena carrera profesional y con unas pocas victorias, se han borrado de mi memoria. La felicidad, el trabajo bien hecho, la constancia, la perseverancia, la tozudez para que un día puedas cruzar la meta con las manos levantadas y vivir esa sensación indescriptible, es lo que hace olvidarte de todos los malos momentos. Por ello sigo dando pedales, después de cinco operaciones y ya curada de mis males. Cuando me pongo un dorsal, soy la persona más feliz del mundo, porque otra vez he podido superar ese bache, desgracia o castigo de Dios. La fortaleza interior, esa que tiene toda persona y que saca cada día a relucir, es la que te hace vivir la vida muy intensamente.

 

Y así es como hice de la temporada 2011 una de las mejores de mi carrera. Volví por fin a un equipo de casa: con Lointek, apoyada por Loli Sansano y mis compañeras Belén López, Mireia Epelde o tantas otras, volví a sentirme fuerte y obtuve éxitos. El Campeonato de España de contrarreloj, el cuarto de mi carrera, fue toda una liberación después de las tres victorias que había obtenido en Sopelana, en el Trofeo Nacional CRI y en el Campeonato de Euskadi en Zizurkil. Volví a estar delante en las pruebas extranjeras, en Bretagne y sobre todo en el Mundial, donde al fin pude sacarme la espina de la prueba en ruta y acabé en el grupo de las vencedoras. Con un equipo tan potente como el que tenemos para 2012 y la ilusión que llevo dentro, eguro que esta Eneritz todavía tiene mucho que decir".

Noticias
Palmarés
Calendario
Biografía
Muy personal
Multimedia
Sala de prensa
Sponsors